El gordito que vive en mí

No creo en las casualidades, mucho menos en las coincidencias; sin embargo, a veces la vida me sorprende y hoy ha sido una de esas ocasiones. Durante años he vivido una relación de amor-odio con estar gordo. De unos meses para acá decidí hacer algo al respecto pero después de algunos altibajos emocionales solté mis esfuerzos y encuentro reconfortante que justo hoy que vengo con mi ropa de correr metida en la maleta porque he decidido volver a comenzar y no mirar hacia atrás, esas coincidencias en las que no creo me regalen este texto de alguien que podría llamar “un viejo amigo” aunque jamás nos hemos visto. Espero lo disfruten,

Nos quedamos en el viaje

Dentro de mí vive un gordito. Un personaje bonachón que no se mete con nadie, evita el conflicto y cualquier tipo de sufrimiento. Se refugia en su confort y, por lo mismo, no es muy disciplinado. No se exige mucho, le gustan las cosas fáciles.

Antes, este gordito estaba al frente de los controles de mi vida. Esta es la historia de cómo nació, cómo me convertí en él, cómo lo desterré y lo que aprendí en el proceso.

Ser gordo

Ser gordo implica mucho más que el sobrepeso. Es un estado de ánimo. Es un estilo de existencia. Cuando era gordito, prefería la ropa cómoda, vestir bien pasaba a segundo término. Como percibía que mi alimentación era pésima, no hacía nada por mejorar mis hábitos —al contrario, me refugiaba en el placer de la comida y no me cuidaba en lo absoluto. Me volvía loco con las porciones. Rebasaba…

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